Pinceles que ruedan bailando su ritmo, invitan colores, texturas y brillos... los tintes se unen en un remolino, invaden la tela que ya es su nido... una melodía en el fondo del alma que mueve las manos y silencia los ruidos, una sinfonía de amor que no calla... una pasión sin memoria ni olvido...
Namaste!
Marina Redolfi